¿Nunca os habeis preguntado de dónde vienen los nombres de marcas cómo google o amazon? Pues hoy tendreis algunas de las respuestas
Epitafios curiosos y divertidos:
de Mel Blanc, el actor de voz estadounidense que era el que doblaba a Porky, el cerdo de los Looney Tunes. El año 640 aC nació uno de los hombres más notables de toda la Historia. Se llamaba Tales y había nacido en la ciudad de Mileto, en la costa occidental de Asia Menor que en aquel momento formaba parte de Grecia. La primera vez que oí hablar de él fue en clases de filosofía en las que se dijo que era el hombre que había pasado del mito al logos y será el protagonista de nuestra historia de hoy.
No dejó escritos; y todo lo que se sabe de él, procede de lo que se cuenta en la Metafísica de Aristóteles. Nos fiaremos de lo que dijo este último. Quizás las cosas que comente de él nos parezcan muy triviales, pero hemos de pensar que sucedieron hace más de 2500 años.
De todas las contribuciones de Tales a la ciencia, una es, quizás, la pregunta más sencilla, notable y profunda de la Historia: ¿De qué está hecho el Universo? Todavía hoy estamos intentando encontrar respuesta a su pregunta. El pensó que era el agua. Hoy sabemos que no es así, pero el paso que dio fue grandioso ya que pasó de ser un capricho de los dioses a algo que nada tenía que ver con ellos.
Antes de Tales todo se explicaba mediante los dioses y con ellos poco podía hacerse: si aunque se hubiera hecho un determinado ritual había cierta plaga podía ser que los curanderos se hubieran equivocado o cometido algún error en algún rito y lo que tenían que hacer era intentarlo con más devoción sacrificando más reses. Si tal diosa estaba enojada porque el templo erigido en su honor no era lo suficientemente grande enviaba otra plaga. Si un guerrero en una determinada situación rezaba a un determinado dios éste podía hacer que viniera una niebla que lo ocultaría del enemigo. De este modo, no había manera de conocer de antemano el comportamiento del Universo, pues todo dependía del capricho de los dioses.
La escuela de Tales llegó a dos supuesto básicos:
1.- El Universo se conduce de acuerdo con ciertas “leyes de la naturaleza” que no pueden alterarse.
2.- La razón humana es capaz de esclarecer la naturaleza de las leyes que gobiernan el Universo.
Dos hipótesis sensacionales, ¿no os parece?. Con esas hipótesis de Tales y sus discípulos podrían establecer una serie de leyes elementales que describiesen las observaciones del Universo. Constituyen lo que hoy llamamos Ciencia.
Era un hombre de aquellos que cualquier cosa de la que se ocupara la resolvía con brillantes resultados. Elaboró un sistema para derivar nuevas verdades matemáticas a partir de otras ya conocidas. Ese método se llama método deductivo (del latín deductio-onem, que significa llevar, conducir) que sería sistematizado y pulido dos siglos y medio más tarde por Euclides. Podemos decir, por tanto, que Tales fue el primer verdadero matemático.
Tomó la geometría de los egipcios y les dio un avance fundamental, pues fue el primero en considerar las líneas de forma imaginaria con grosor nulo y trazo perfectamente recto en lugar de las reales, dibujadas en la arena o en la cera. En las ciencias físicas, fue el primero en estudiar el magnetismo.
Ayudó a la navegación estableciendo que era más fácil orientarse por la osa menor (en la que se encuentra la estrella polar), que por la osa mayor, midió las pirámides Egipcias mediante el uso de la geometría y supo cómo medir la distancia a la que se encontraba un barco de la playa.
Esto último se entiende sabiendo que en geometría se le adjudican los siguientes postulados:
1.- El círculo es partido en dos partes iguales, sólo por su diámetro.
2.- Los ángulos de la base de un triángulo, son iguales si los lados compuestos son iguales. Es el llamado Teorema de Tales.
3.- Los ángulos opuestos en una recta que atraviesa a otra, son iguales.
4.- Un triángulo puede ser medido, si se conocen dos ángulos y un lado.
En aquellas fechas los eclipses no eran un acontecimiento como hoy, sino que resultaban algo aterrador. La gente salía gritando y corriendo de sus casas e iban a la plaza del pueblo golpeando recipientes para ahuyentar al monstruo. Como este método tenía éxito (cualquier método lo hubiera tenido, por supuesto, pues el Sol siempre volvía a aparecer) estaban seguros que había sido así gracias a sus esfuerzos. Los astrónomos babilonios ya sabían que era la Luna la responsable al pasar por delante del Sol y asombraban a la gente prediciendo dichos eclipses (un servidor, todavía hoy, se asombra).
Tales aprendió astronomía de los babilonios, cuyos estudios le permitieron confeccionar un calendario de estaciones y explicar los eclipses. Otra cosa que fue el primero en decir (probablemente lo aprendiera también de los babilonios) es que la Luna brillaba por ser su luz un reflejo de la del Sol (faltaban unos 2000 años para que Fraunhofer lo pudiera demostrar).
Después de regresar de Babilonia mostró esta astronomía y conocimientos a los griegos. En el año 585 aC predijo un eclipse total de Sol que iba a tener lugar en Jonia. En aquel momento dos pueblos cercanos, los medos y los lidios, estaban a punto de entrar en combate. Ambos ejércitos quedaron tan asustados por el oscurecimiento del Sol que firmaron un tratado de Paz.
Modernas investigaciones astronómicas demostraron que el único eclipse que tuvo lugar en Asia Menor en la época de Tales fue el 28 de mayo del año 585 aC, de modo que aquella batalla prevista es el primer acontecimiento histórico que puede fecharse con absoluta certeza.
Fue el primer “filósofo” griego, lo cual significaba “amante de la sabiduría”. Por supuesto, hubo quienes se burlaron de su inclinación filosófica y le dijeron: “Si eres tan sabio, ¿por qué no eres rico?”
Cansado de las burlas, dedujo de sus estudios que el clima del próximo año iba a ser bueno para las cosechas de aceitunas, así que compró todas las prensas empleadas para extraer el aceite de oliva. Cuando llegó el momento exigió elevados precios por su alquiler. Probablemente, fue el primer pelotazo conocido de la historia, pues se hizo rico en un año. Pero, como buen filósofo, amaba más la filosofía que el dinero y pronto dejó los negocios vendiendo las tierras y prensas.
Diógenes Laercio dijo que “fue el primero que averiguó la carrera de un trópico a otro, y el primero que comparando la magnitud del Sol con la de la luna, manifestó ser ésta setecientas veinte veces menor que aquél”. Fue el inventor de las estaciones del año y asignó a este trescientos sesenta y cinco días. Se cuenta también que consiguió medir la altura de las pirámides por medio de su sombra. Esperó a que la sombra de un persona tuviera la misma longitud que la altura del cuerpo de la misma persona y en ese momento, la longitud de la sombra de la pirámide tenía de ser igual a la altura de ésta.
También nos cuenta Diógenes que una vieja le sacó de casa para que observara las estrellas y cayó a un hoyo mientras las contemplaba. Al quejarse la vieja le dijo: “¡Oh, Tales, tú presumes de ver lo que está en el cielo, cuando no ves lo que tienes a los pies!”
Tiene muchas frases y respuestas sensacionales, por ejemplo:
- Entre la muerte y la vida no hay diferencia alguna.
- Pues, ¿por qué no te mueres tú? - le replicaron.
- Porque no hay diferencia - fue la respuesta.
En siglos posteriores, cuando los griegos hicieron la lista de los “siete hombres sabios”, Tales fue invariablemente puesto en primer lugar.
MOMENTOS FELICES
Cuando llueve, y reviso mis papeles, y acabo
tirando todo al fuego: poemas incompletos,
pagarés no pagados, cartas de amigos muertos,
fotografías, besos guardados en un libro,
renuncio al peso muerto de mi terco pasado,
soy fúlgido, engrandezco justo en cuanto me niego,
y así atizo las llamas, y salto la fogata,
y apenas si comprendo lo que al hacerlo siento,
¿no es la felicidad lo que me exalta?
Cuando salgo a la calle silbando alegremente
--el pitillo en los labios, el alma disponible--
y les hablo a los niños o me voy con las nubes,
mayo apunta y la brisa lo va todo ensanchando,
las muchachas estrenan sus escotes, sus brazos
desnudos y morenos, sus ojos asombrados,
y ríen ni ellas saben por qué sobreabundando,
salpican de alegría que así tiembla reciente,
¿no es la felicidad lo que siente?
Cuando llega un amigo, la casa está vacía,
pero mi amada saca jamón, anchoas, queso,
aceitunas, percebes, dos botellas de blanco,
y yo asisto al milagro --sé que todo es fiado--,
y no quiero pensar si podremos pagarlo;
y cuando sin medida bebemos y charlamos,
y el amigo es dichoso, cree que somos dichosos,
y lo somos quizá burlando así a la muerte,
¿no es felicidad lo que trasciende?
Cuando me he despertado, permanezco tendido
con el balcón abierto. Y amanece: las aves
trinan su algarabía pagana lindamente:
y debo levantarme, pero no me levanto;
y veo, boca arriba, reflejada en el techo
la ondulación del mar y el iris de su nácar,
y sigo allí tendido, y nada importa nada,
¿no aniquilo así el tiempo? ¿No me salvo del miedo?
¿No es felicidad lo que amanece?
Cuando voy al mercado, miro los abridores
y, apretando los dientes, las redondas cerezas,
los higos rezumantes, las ciruelas caídas
del árbol de la vida, con pecado sin duda
pues que tanto me tientan. Y pregunto su precio,
regateo, consigo por fin una rebaja,
mas terminado el juego, pago el doble y es poco,
y abre la vendedora sus ojos asombrados,
¿no es la felicidad lo que allí brota?
Cuando puedo decir: el día ha terminado.
Y con el día digo su trajín, su comercio,
la busca del dinero, la lucha de los muertos.
Y cuando así cansado, manchado, llego a casa,
me siento en la penumbra y enchufo el tocadiscos,
y acuden Kachaturian, o Mozart, o Vivaldi,
y la música reina, vuelvo a sentirme limpio,
sencillamente limpio y, pese a todo, indemne,
¿no es la felicidad lo que me envuelve?
Cuando tras dar mil vueltas a mis preocupaciones,
me acuerdo de un amigo, voy a verle, me dice:
"Estaba justamente pensando en ir a verte."
Y hablamos largamente, no de mis sinsabores,
pues él, aunque quisiera, no podría ayudarme,
sino de cómo van las cosas en Jordania,
de un libro de Neruda, de su sastre, del viento,
y al marcharme me siento consolado y tranquilo,
¿no es la felicidad lo que me vence?
Abrir nuestras ventanas; sentir el aire nuevo;
pasar por un camino que huele a madreselvas;
beber con un amigo; charlar o bien callarse;
sentir que el sentimiento de los otros es nuestro;
mirarse en unos ojos que nos miran sin mancha,
¿no es esto ser feliz pese a la muerte?
Vencido y traicionado, ver casi con cinismo
que no pueden quitarme nada más y que aún vivo,
¿no es la felicidad que no se vende?
Imaginad que tenéis dos críos que quieren dividirse un pastel. ¿Cuál es la mejor estrategia? Por supuesto, hablamos siempre de soluciones racionales. Si lo corta el padre, siempre habrá uno que diga que el otro tiene el trozo más grande (incluso los dos dirán que tienen el trozo más pequeño). Se trata de un conflicto de intereses. Ambos quieren la mayor parte posible del pastel y ambos saben que su rival quiere también el mayor trozo de pastel posible.
La solución es que un niño corte la tarta y sea el otro el que escoja entre los trozos que ha hecho el primero. El que corta, sabe que el otro tomará el trozo más grande y la mejor solución es, por tanto, cortarla en dos trozos iguales. Este ejemplo es perfecto para saber lo que von Neumann entendía como juego (es una aplicación del algoritmo minimax).
En el juego anterior tenemos el tipo de problema de suma cero, o sea, que lo que gana el uno lo pierde el otro y viceversa. El dilema del prisionero, que da título al libro, llega un poco más lejos y hay más opciones. La forma más clásica de presentarlo es la siguiente:
Dos hombres acusados de infringir conjuntamente la ley han sido confinados por la policía en habitaciones separadas, o sea, que cada prisionero está aislado y no puede hablar con el otro. Se dice a cada uno por separado que:
1.- Si uno de ellos se confiesa culpable, pero el otro no, el primero recibirá una recompensa y el segundo será castigado.
2.- Si ambos confiesan se castigará a los dos.
3.- Si ninguno confiesa, ambos quedarán libres.
Hay dos opciones: confesar o no confesar. Las llamaremos técnicamente cooperación o deserción. El problema se reduce a decidir qué opción debemos tomar.
Generar un problema de tipo “dilema del prisionero” no es difícil. Basta una situación en la que uno puede mejorar sus intereses pero que, si todo el mundo hiciera lo mismo, sería un desastre.
Este ejemplo sólo tiene dos jugadores, pero puede haber más. Por ejemplo: colarse en el transporte público. Si, aprovechando que nadie nos ve, nos podemos colar (en el mundo real, quien se cuela lo hace con total impunidad, pero eso es otro problema), ¿lo hacemos o no? Si lo hacemos, nos ahorramos el precio del trayecto, pero si lo hiciera todo el mundo, el trasporte público quebraría y nadie podría utilizarlo. Un viajero que se cuele no influye en absoluto, pero si todo el mundo lo hiciera…
Otro ejemplo: hemos abollado un coche y la reparación costará mucho dinero. ¿Dejamos una nota conforme hemos sido nosotros? Si lo hacemos, acarrearemos con las consecuencias; si no, la reparación la pagará la compañía de seguros. Hay que pensar, sin embargo, que esto repercute en el incremento de tarifas de dichas compañías, que, a su vez, han de correr gastos adicionales. Pudiera ser, por ejemplo, que si lo pagamos nosotros nos costaría 1.000 euros y a la compañía 1.500.
Aunque el nombre sea algo relativamente moderno, la idea no lo es. Por ejemplo, en el Evangelio según San Mateo se atribuye a Jesús la regla de oro: “Todo lo que queráis que hagan los hombres con vosotros, hacedlo así vosotros con ellos” (Mateo, 7:12). Aunque, como todos sabemos, las personas suelen actuar según sus propios intereses y nunca mirando el interés del otro.
En “El misterio de Marie Rôget”, de Edgar Allan Poe se ofrece una recompensa e inmunidad al primero de los criminales de una banda que confiese un delito cometido por la misma:
En esta situación, cada uno de los miembros de la banda no codicia la recompensa, ni ansía por escapar, tanto como teme que le traicionen los demás. Trata desesperadamente de traicionar a los otros lo más pronto posible, para que así no sea traicionado por ellos.
Como nadie opta por la recompensa, para Poe (detective Pupin en la historia, ver comentario) quiere decir que el crimen no fue realizado por la banda.
Otro ejemplo es el de aquella caja donde hay diarios en la que debe depositarse una moneda y coger uno. Nada nos impide cogerlo sin depositar dicha moneda pero si todo oel mundo hiciera lo mismo, pasaría lo que en nuestro país: que no existen.
También es destacable el ejemplo de pagar recompensa por un rescate en caso de secuestro: si nadie pagara rescates, no habría secuestradores.
Me diréis inmediatamente que todo es una cuestión de moral, que siempre hay que actuar del modo solidario y cooperar. Pero fijaos que la respuesta no siempre es tan clara. Puede que todos estemos de acuerdo en que está mal colarse en el metro, o no dejar nota en un coche al que hemos chocado; pero, ¿verdad que no consideráis mal o inmoral que alguien pagara un rescate en un secuestro por un ser querido? ¿acaso no sería eso desertar?
La situación, sin tener en cuenta las circunstancias, es la misma, y la solución que creemos mejor puede ser perfectamente la contraria en diferentes casos.
Aunque el ejemplo que más sonrisas arranca es que a todos nos gusta tener carreteras, colegios públicos, correo y demás funciones atribuidas al estado. La pregunta es: ¿quién aportaría dinero para ello de forma voluntaria? ¿Quién miraría por los intereses de todos? Al final, es el estado el que nos exige el pago de los impuestos.
Pero os doy más ejemplos. Suponed que habéis robado el diamante más grande del mundo y tratáis de venderlo. Tenéis un comprador: el Sr. Malo. Tiene fama de embaucador y es el hombre más despiadado del mundo. Sabéis que anteriormente, el Sr. Malo en una situación similar, había llevado el maletín con el dinero como prueba de buena fe; el vendedor había enseñado el producto y el Sr. Malo sacó finalmente una ametralladora quedándose con el producto y sin entregar el dinero. Ahora, el Sr. Malo os propone quedar para hacer el intercambio. ¿Qué haríais vosotros?
Podéis, por ejemplo, decir al Sr. Malo que ponga el dinero en algún sitio lejano y vosotros ponéis el diamante en otro sitio lejano sin decírselo. Entonces, se habla de dónde se ha puesto exactamente por teléfono y así no hay problema porque no nos tendremos que ver cara a cara con él. Pero si realmente es así, también podéis pensar: ¿por qué no quedarme con el diamante y con el dinero? Escondéis el diamante y ya está. Pero pensad, por otro lado, us si colaboráis, o sea, que realmente escondéis el diamante donde decís, puede que sea el Sr. Malo quien haya pensado en quedarse con ambas cosas y os quedéis sin nada.
Y no hace falta que robéis diamantes para veros en un dilema de estos. Imaginad que queréis comprar un piso en un edificio en construcción. Os piden que paguéis por adelantado. ¿Cómo sabéis que el constructor no va a largarse con vuestro dinero sin acabar la obra?
Si queréis ampliar esta información y ver algo de su formalidad, en la wikipedia tenéis abundante información de todo ello y del tipo de las tablas de las que el libro muestra un montón.
El problema de estos dilemas es que no es una cosa racional y con solución única. Podemos acertar o equivocarnos, y si sucede esto último, encima nos dirán que “hacemos el primo”.
Pero la cosa es todavía más interesante. Los dilemas del prisionero se dan en el comportamiento animal. Sabemos que en la Naturaleza el grande se come al pequeño: si viéramos que un león va junto a una oveja hablaríamos casi de un fenómeno sobrenatural. Pues bien, existe un ave llamada chorlito (el libro la llama “ziczac&rdquo
que se interna entre las fauces de los cocodrilos para alimentarse de parásitos y los cocodrilos no las dañan. Gracias a estas aves, los cocodrilos quedan libres de parásitos mientras que las aves se procuran su alimento. Los cocodrilos podrían desertar con facilidad y comerse las aves. La pregunta es, ¿por qué no lo hacen?
Ejemplos de este tipo de colaboraciones han intrigado desde hace tiempo a los biólogos. Desde luego, el acuerdo beneficia a ambas partes, pero un cocodrilo particular podría comerse un chorlito particular. ¿Y si todos los cocodrilos se comieran a las aves? Pues no quedarían aves para quitarles los parásitos. Esto, no obstante, es un razonamiento abstracto. Para muchos biólogos, resultaría sorprendente descubrir que, realmente, un cocodrilo piensa todo esto; igualmente sorprendente sería descubrir que existe un principio moral que les impide comerse a los chorlitos. Así que nos quedamos con la pregunta: ¿a qué se debe que un cocodrilo concreto (que le importa muy poco el “bien de la especie&rdquo
se prive de una fácil comida?
Lo mismo sucede con unos murciélagos llamados vampiros. Si un individuo no logra comer en un lapso de dos días, muere. Los murciélagos saciados regurgitan la sangre para sus compañeros de nido. Los que están más llenos de sangre, gastan más calorías durante el vuelo y no necesitan tanto el alimento como sus compañeros hambrientos. Pero por estas indicaciones, los vampiros “gorrones”, o sea, que nunca regurgitaran sangre a los demás, tendrían más posibilidades de sobrevivir, ¿no? Pues parece ser que Gerald S. Wilkinson mostró con unos experimentos que aquellos murciélagos que habían sido alimentados por otros murciélagos solían donar sangre en las siguientes ocasiones.
La selección natural “escoge” o “prefiere” aquellos comportamientos que maximizan el nivel de supervivencia. Los glotones sobrevivirán a costa de los que comparten y acabarán por sustituirlos. De nuevo, se plantea un dilema del prisionero, que muestra toda la lógica implacable de su irracionalidad. Mirar por la alimentación de uno mismo prevalece frente a la postura sensata de compartir; como consecuencia, salen todos perjudicados.
Asimismo, es de esperar que la evolución dé lugar a otros modos de comportamiento no cooperativos. Los seres humanos hemos sido moldeados por la evolución, al igual que las demás especies; puede que esto explique todos los procederes absurdos y malvados que mostramos. Desertar es una estrategia evolutiva estable. Cooperar no lo es. El mundo y las personas somos así. Von Neumann afirmó en una ocasión:
Es absurdo quejarse del egoísmo y la falta de honradez de la gente, como protestar porque la intensidad del campo magnético no crece a no ser que exista el rotacional correspondiente del campo eléctrico.
Para quien conoce bien las ecuaciones de Maxwell la afirmación es evidente, pero para quien no las conozca podemos traducirla como protestar “porque la Tierra no es plana”.
La pregunta ahora es: ¿está “determinada genéticamente” la falta de cooperación? No es pregunta fácil de contestar. Frecuentemente, no coinciden las preferencias humanas con la capacidad para sobrevivir. Hoy día, el dinero tiene gran parte de las motivaciones humanas y tiene bien poco que ver con la capacidad de supervivencia o con las tasas de fertilidad de la especie. Es posible que poseer objetos materiales y dinero sea una consecuencia del comportamiento genético al que hacíamos referencia, que potencia el interés propio en la búsqueda de alimento, agua y pareja.
El libro habla también del curioso caso de los espinosos comunes. Son unos peces que, cuando ven la amenaza de un pez mayor, se acercan a él grupos de reconocimiento para luego volver y así saber si realmente está hambriento o si está agresivo. Las inspecciones son arriesgadas. Como el depredador sólo puede atrapar un pez, se acercan en grupos de dos o más. En realidad, lo hacen por fases. Uno se acerca y avanza unos centímetros. Si ve que los demás le imitan, se acerca un poco más, pero si los demás se van, él también lo hace. Esto lo comprobó Manfred Milinski hizo una serie de experimentos con peces espinosos y espejos, para que el acompañante, en realidad fuera él mismo. Pero dejo que lo leáis en el libro (por cierto, en este enlace, este mismo hombre habla del dilema del prisionero referenciando al cambio climático, donde dudosamente cooperamos).
Desgraciadamente, la teoría de juegos no es válida para predecir el comportamiento humano. El libro plantea diferentes tácticas de juegos donde los adversarios ganan, sobre todo, si desertan y el rival colabora; claro que si se repite el juego posteriormente entre ambos jugadores, entonces será el otro quien deserte y si el primero colabora pierde más o, visto de otro modo, no gana tanto. Aquí se plantea la repetición muchas veces del mismo juego y el estudio del comportamiento de los rivales.
Efectivamente, se han hecho juegos simulados con personas para ver cuáles eran las reacciones y hay situaciones en las que ambos ganaban más cuando ambos colaboraban. Resulta que, de vez en cuando, dejaban de colaborar porque valoraban la ganancia no de forma absoluta, sino en comparación con la ganancia del rival. Curiosos los humanos: No es que queramos tener más, sino que queremos tener más que los demás.
Aquí hasta se plantean diferentes tipos de personas. Hay quien es colaborador nato y hay quien es desertor habitual.
Aparte de todo lo que os he explicado, el libro habla de forma extensa de la Guerra Fría, de la crisis de los misiles de Cuba (donde Bertrand Russell jugó un papel decisivo) y de la vida y obra de John von Neumann en relación a todo ello. Si os interesan estos temas, es un libro muy interesante.
Título: “El dilema del prisionero”
Autor: William Poundstone
Muchas frases y grandilocuentes afirmaciones que continuamente escuchamos o decimos y que son atribuidas a grandes personajes históricos, en realidad, se ha tergiversado su significado, cambiado las palabras o directamente, nunca han sido escritas o pronunciadas por nadie. Aquí van unas cuantas bastante conocidas.
"El fin justifica los medios"
“Il fine giustifica i mezzi” famosísima frase atribuída a Maquiavelo no aparece escrita en ninguna de sus obras ni se tiene constancia de que la pronunciara jamás. Lo más parecido (en su significado que no en su forma) aparece en su libro “Historia Florentina (III)” y dice:
“Aquellos que triunfan nunca resultarán avergonzados por el modo como hayan triunfado”
Lo cierto es que dista bastante de la frase en cuestión aparte de que es ridículo pensar, en que nadie antes de Maquiavelo, no haya expresado de alguna manera tan “magnífica excusa” para hacer lo que a uno le venga en gana.
¡Con la Iglesia hemos topado!
Este es un claro ejemplo de una frase tergiversada. Está extraída del Quijote de Cervantes y la frase exacta es:
“¡Con la iglesia hemos dado, Sancho!”
A primera vista puede parecer lo mismo, pero pongámonos en situación. Quijote y Sancho están llegando al Toboso de noche y a oscuras…
“Guió don Quijote, y habiendo andado como doscientos pasos, dio con el bulto que hacía la sombra, y vio una gran torre, y luego conoció que el tal edificio no era alcázar, sino la iglesia principal del pueblo.
-¡Con la iglesia hemos dado, Sancho! “
Claramente, el sentido un poco peyorativo o irónico contra la iglesia que tiene hoy en día esta frase no existe. Primero porque no se encuentran con la Iglesia como institución (que hubiera escrito con mayúscula), sino con el edificio de una iglesia y segundo porque el sentido de “topado” (chocar) es diferente al de “dado” (encontrado).
"Elemental, querido Watson"
Esta frase tan famosa y que casi todos pensábamos que Sherlock Holmes había nacido diciéndola, en realidad no sale en ninguna de las muchas novelas del genial detective. Lo más aproximado aparece en un relato titulado “El jorobado” y que publicó Conan Doyle en una revista en 1893. Ocurre cuando Sherlock, de un vistazo, averigua que Watson ha estado últimamente muy liado con su trabajo. Watson extrañado le pregunta como lo ha adivinado.
“- Cuando su ronda de visitas es corta, usted las hace a pie, y cuando es larga coge un coche de alquiler. Como estoy viendo que sus botas, aunque usadas, no están ni mucho menos sucias, no puedo dudar de que hoy ha estado lo suficientemente atareado para justificar el empleo de un coche de alquiler.
- ¡Bien deducido! -Exclama Watson.
- Es elemental. Es uno de esos casos en los que el razonador puede producir un efecto que a su vecino le parece extraordinario…”
La frase no vuelve a repetirse y desde luego no tiene la carga de vanidad que tiene el “Elemental, querido Watson”
"Sangre, sudor y lágrimas"
Esta celebre frase que es atribuída a W.Churchill, en realidad ni la pronunció así, ni es suya. Lo que dijo excatamente en la Cámara de los comunes en 1940, fue:
No tengo más que ofrecer que sangre, fatigas, lágrimas y sudor. (I have nothing to offer but blood, toil, tears, and sweat).
Cuando acabó la sesión alguien hizo notar a Churchill que el novelista Henry James había usado una frase parecida. Churchill dijo no conocer ni a la novela ni al autor y para que quedara claro no tuvo empacho alguno en seguir usándola esta vez en la versión que conocemos “Sangre, sudor y lágrimas”
Jacques Romain Georges Brel (8 de abril de 1929 - 9 de octubre de 1978), conocido artísticamente como Jacques Brel, fue un cantante belga francófono y, al mismo tiempo, actor y cineasta. Sus canciones son famosas por la poesía y honestidad de sus letras. Tal vez su canción más conocida a nivel internacional es Ne me quitte pas, que se lanzó en 1959.
Brel nació en Schaerbeek, Bélgica, una comuna al norte de Bruselas, vivió parte de su vida artística en París y sus últimos años en las Islas Marquesas en la Polinesia Francesa. Murió en Paris y está enterrado al lado de Paul Gauguin en las Islas Marquesas.
El 1 de junio de 1950 se casó con Thérèse Michielsen (Miche). El 6 de diciembre de 1951 nació su primera hija, Chantal, y más adelante France el 12 de julio de 1953. Por último, nació Isabelle en agosto de 1958, a quien su padre dedicó la canción homónima.
A partir de 1952, empezó a componer sus primeras canciones que cantaba en reuniones familiares y en múltiples cabarets bruselenses. Hacía muestra de la potencia lírica que le caracteriza, tanto en las letras como en la interpretación, aunque su familia no le animaba a continuar.
Él perseveró en su empeño y en 1953 publicó su primer 78 rpm. Inmediatamente, se marchó solo de la capital belga a París, donde se dedicó a escribir música y canciones en los cabarets y music-halls. Se dedicó también a dar clases de guitarra para ganarse la vida. En el escenario interpretaba sus canciones con grandes gestos. Después de disfrutar de un éxito relativo, su mujer y sus hijas se mudaron con él desde Bélgica. En 1956 ya iba de gira por Europa y grabó la canción Quand on n'a que l'amour que significó su primer gran éxito. Apareció en un show con Maurice Chevalier y Michel Legrand. En 1957 grabó su segundo 33 rpm, recibiendo el Grand Prix de l'Académie Charles Cros y al año siguiente consiguió por fin ser aclamado en el Olympia. A partir de este momento, las giras eran imparables, dando más conciertos que días hay en el año.
Sus temas son extremadamente variados, explorando el amor (Je t'aime, Litanies pour un retour, Dulcinéa), la sociedad (Les singes, Les bourgeois, Jaurès) y preocupaciones espirituales (Le bon Dieu, Dites, si c'était vrai, Fernand). Su trabajo no se limita a un estilo: era tan bueno en las composiciones más cómicas (Les bonbons, Le lion, Comment tuer l'amant de sa femme...) como en las dramáticas (Voir un ami pleurer, Fils de..., Jojo).
La sagacidad de Brel lo convirtió en un pintor de la vida diaria innovador y creativo, con una rara facilidad poética. Su uso inteligente de las palabras era sorprendente y sencillo, utilizando un vocabulario muy visual y evocador.
Brel también tenía facilidad para las metáforas, como en Je suis un soir d'été, donde el narrador es una noche de verano que cuenta lo que observa mientras cae sobre la ciudad. Aunque se le considera un maestro en las letras, la parte musical de sus composiciones también es de primera calidad y no están limitadas a un estilo. Compuso tanto melodías vivaces y llenas de ritmo (L'aventure, Rosa, Au printemps) como canciones solemnes y tristes (J'en appelle, Pourquoi faut-il que les hommes s'ennuient?).
Las letras románticas de Brel revelaban en ocasiones cierta cantidad de oscuridad y amarga ironía. En algunos momentos sus tiernas canciones de amor muestran destellos de resentimiento y frustración escasamente suprimidos. Sus retratos certeros de los llamados desechos de la sociedad, los alcohólicos, vagabundos, drogadictos y prostitutas descritos en Jef y Jacki, evitaban el sentimentalismo fácil; no tenía tampoco miedo a retratar la parte desagradable de su estilo de vida.
Compuso y grabó sus canciones casi exclusivamente en francés. Es ampliamente reconocido en los países francófonos como uno de los mejores compositores en francés de todos los tiempos. Sólo ocasionalmente incluyó partes en holandés, como por ejemplo en Marieke, y también grabó versiones en holandés de algunas canciones como Le Plat Pays, Ne me quitte pas y Les bourgeois. Como su dominio de esta lengua era escaso, la traducción fue realizada por Ernst van Altena, renombrado traductor de canciones francesas.
En este enlace puedes escuchar la canción Ne me quitte pas con subtitulos en español:
http://es.youtube.com/watch?v=booXHJxK3Fs
Su actitud hacia los flamencos parece contradictoria: en ocasiones se declaraba flamenco y se presentaba como un cantante de Flandes, pero también parodió la vida rústica de los flamencos con la canción cómica Les Flamandes. Más adelante dirigió su furia contra los flamingants, los partidarios del movimiento flamenco. En La, la, la (1967) canta "Vive les Belgiens, merde pour les flamingants" ("Viva los belgas, mierda para los flamingants"). En Les F... (1977) Brel describe a los flamingants como "Nazis durant les guerres et catholiques entre elles" ("Nazis durante las guerras y católicos entre ellas"). Aparentemente, para Brel todos los flamingants eran extremistas de derecha.
Aunque Francia era la "nación espiritual" de Brel y realizó afirmaciones contradictorias sobre su Bélgica natal, muchos minimizan la importancia de estos hechos ya que muchas de sus mejores composiciones rinden tributo a Bélgica, como por ejemplo Le plat pays o Il neige sur Liège.
En 1966 decidió abandonar la canción. El 16 de mayo de 1967 dio su último recital en Roubaix, ciudad al norte de Francia, limítrofe con la frontera belga. Pero este hecho no supuso la inactividad de Brel. Ya en el mismo verano de 1967 actuó en su primer largometraje, Les Risques du métier del director André Cayatte. Más tarde, alcanzó fama como actor interpretando al oponente de Claude Jade en la película Mon oncle Benjamin. Actuó en el musical L'homme de la Mancha (El hombre de la Mancha), que también dirigió. Participó en otras películas, aunque sus actuaciones cinematográficas no son del mismo calibre que las musicales. Durante más de 20 años fue una gran estrella, ganando reconocimiento más allá de las audiencias francesas.
En 1973 se retiró a la Polinesia Francesa (les Marquises), abandonándolo todo, donde se dedicó a navegar en su velero Askoy y a pilotar un bimotor que utilizaba como avión-taxi para ayudar a los habitantes de las islas. Allí permaneció hasta 1977, cuando volvió a París y grabó su muy bien recibido último disco, en unas condiciones de salud muy difíciles. La canción Les Marquises que cierra el álbum sólo se pudo grabar una vez. Al acabar la grabación, regresó a la Polinesia.
Brel murió de cáncer de pulmón en París en octubre de 1978 y fue enterrado en Atuona, Hiva Oa, Islas Marquesas, en la Polinesia Francesa, a pocos metros de la tumba del pintor Paul Gauguin.
En diciembre de 2005, el público de la RTBF (la radio-televisión pública francófona belga) le eligió como el belga más importante de todos los tiempos
Aqui os dejo un artículo sobre el precine.
EMILIO GARCÍA FERNÁNDEZ | 6 de mayo de 2008
decir verdad, todo este apartado queda resumido en un titular: la primera fotografía fue captada en 1839 por Josep Nicéfore Niepce.
De ahí en adelante, el nuevo sistema, basado en un proceso químico, vino a competir con la pintura y abrió la compuerta que nos conduce al séptimo arte. Es cierto que, en un primer momento, la existencia de la fotografía generó tensiones entre sus defensores y el universo de los pintores. Pero poco a poco cesaron las suspicacias, y no sorprende el interés fotográfico que mostraron Delacroix, Degas y Renoir.
En todo caso, antes de que el cine llegara a ser una realidad, hubo una serie de avances que contribuyeron a poner sus cimientos. Citarlos equivale a trazar una línea en la que cada avance parece impulsar al siguiente.
Vamos por orden, sin detenernos demasiado en cada efeméride. En 1574 Francisco Mairolicus establece su teoría de los colores. Distingue siete tonos en el arco iris; cuatro fundamentales y tres intermedios. En 1593 Giambattista della Porta saca a la luz su Magic Naturelle. Se le atribuye la invención de la cámara oscura y de un precedente de la linterna mágica.
En 1602 nace Athanasius Kircher, inventor de la linterna mágica. En 1765 D'Arcy establece la permanencia de las imágenes en la retina en 1/8 de segundo aproximadamente. En 1780 Jacques A. Charles crea el Megascopio, que proyecta directamente en pantalla imágenes ampliadas de cualquier objetivo.
Apenas han transcurrido unos años, y en 1798 el público ya se aterra ante la Phantasmagoria, de Etienne Robertson, que emplea una linterna mágica perfeccionada. En 1802: Thomas Wedgwood y Humphrey Davey publican Una crónica sobre un método para fabricar siluetas por medio de la acción de la luz sobre el nitrato de plata.
En 1819 Sir William Herschel descubre las propiedades de los halogenuros de plata, base del fijado fotográfico. Como ven, ya estamos muy cerca de los primeros retratos.
En 1822 Josep Nicéfore Niepce obtiene el primer punto de vista obtenido en soporte de vidrio. Dos años después, P. Mark Roget presenta a la Royal Society su Teoría de percepción visual del movimiento. En 1824 se logra la primera imagen fijada sobre una superficie sensible.
En 1826 John A. Paris presenta el Thaumatrope, una carta que, cuando se la hace girar, da una divertida sensación de movimiento. En 1829 Joseph A. Plateau publica sus tesis sobre la percepción retiniana y la persistencia de la visión. En 1833 se conoce el Phenakitiscope o Phantascope, de Plateau, consistente en unos dibujos animados en un disco que, al girar, también produce sensación de movimiento.
Ese mismo año Simon J. Ritter da a conocer sus discos estroboscópicos.
n 1834 se muestra el Zoótropo o Dedalum, de William G. Horner, un ilindro giratorio, también con dibujos manuales. En 1849 Hervé Faye registra su cronofotómetro, que permite el análisis fotográfico del movimiento.
En 1851 la aparición del colodión hace posible las exposiciones instantáneas. En 1852 se da a conocer el Phenakitiscope Stereoscope, de Wheatstone. En1853 el Kinetoscopio, de Frank von Uchatius, proyecta dibujos móviles. En 1855 Alexander W. Parkes descubre la base de celulosa; después celuloide. En 1866 aparece el Choreutoscope, una transparencia que permite a la linterna mágica proyectar dibujos móviles.
En 1868 los hermanos Hyatt comercializan el celuloide. En 1870, mediante su Phasmatrope, Henry R. Heyl proyecta imágenes fotográficas móviles. En 1872 Eadweard Muybridge inicia sus famosos estudios del movimiento, utilizando baterías de cámaras.
Allá por 1877 aparece el Praxinoscopio, de Keynaud, que viene a ser un Zoótropo perfeccionado. En 1881 el Zoopraxiscopio, de Muybridge, proyecta imágenes móviles basadas en fotografías.
En 1882 Etienne Jules Marey alarga el revólver de Jansen hasta convertirlo en un fusil fotográfico. En 1888 el Cronofotógrafo, de Marey, utiliza película de rollo y presenta sus primeras tomas a la Academia de Ciencias de París.
En 1888 Potter idea una linterna mágica con banda o película. En 1891 Edison y Dickson inventan el Kinetograph. En 1892 se da a conocer el Cronofotógrafo eléctrico, de Londe.
Corre el año 1892, y Reynaud utiliza el Praxinoscopio para proyectar públicamente las Pantomimes Lumineuses, bandas transparentes pintadas que relatan una historia. En 1893 Marey idea un aparato para proyectar fotografías animadas.
Mucho tienen que ver estos avances sobre la proyección de imágenes en la consecución de “movimiento”. Precisamente los pasos más importantes se suceden a lo largo del siglo XIX, y en sus orígenes se habla de nombres científicos muy llamativos como el Thaumatrope (John A. Paris, 1826), el Phenakitiscope (Joseph A. Plateau, 1833), el Zoótropo (William G. Horner, 1834) y sucesivas modificaciones y perfeccionamientos de estos sistemas, hasta llegar al citado Kinetógrafo de Edison y Dickson en 1891.
Por Carlos Díaz Maroto
Sherlock Holmes es una de las figuras más representadas de la historia del cine, en feroz pugna con otras como Tarzán, Drácula, Napoleón o el mismísimo Jesucristo. La obra de Arthur Conan Doyle ha sido ingente inspiración para efectuar una gran cantidad de adaptaciones. Pero, además, los propios cineastas han recreado historias totalmente originales sobre el genio de Baker Street, o se han inspirado en la labor de otros escritores. Efectuemos un somero repaso sobre algunas de estas películas...
El éxito de Sherlock Holmes llegó a sorprender al mismísimo sir Arthur Conan Doyle. Su obra comenzó a ser publicada activamente en gran cantidad de países. No sólo eso: amén de la propia creación de Conan Doyle, se comenzaron a publicar obras apócrifas, en ocasiones adjudicadas al propio autor de La compañía blanca, y en otros casos sin citar autor alguno; países como Alemania o España vieron esas publicaciones a principios del siglo XX.
Además, pronto otros autores se hicieron eco del éxito del médico metido a escritor, y crearon otros personajes cuya simiente estaba indudablemente ligada al Rey de los Detectives. Sin ánimo de exaustividad, cabe destacar otros investigadores como sir Nayland Smith de Sax Rohmer -némesis del pérfido Fu Manchú, remedo a su vez del taimado Moriarty-, Harry Dickson de Jean Ray, Solar Pons de August Derleth o Jules de Grandin de Seabury Quinn, algunos de los cuales incursionaban no pocas veces en el área sobrenatural. Paralelamente a estos émulos holmesianos, otros autores también hicieron uso de la creación de Conan Doyle, en ocasiones de forma muy poco encubierta, como el Herlock Sholmes de Maurice Leblanc, y que concebiría para enfrentarlo a su propia creación, Arséne Lupin. Otros, en suma, ya emplearían directamente el personaje, con autorización o no de su creador (o sus herederos).
Mientras, el floreciente invento del cinematógrafo también habría de fijarse en nuestro personaje. A poco de iniciado el siglo XX, y cuando las obras para este arte aún en pañales habían de durar escasos minutos, no existía tiempo material para plasmar novela alguna, ni siquiera alguno de los muchos relatos. Así, la que es considerada primera película sobre la creación de Conan Doyle, Sherlock Holmes Baffled, fue rodada en 1900, esto es, aún en el siglo XIX, si bien no sería registrada oficialmente hasta el año 1903. En este pequeño gag de un minuto de duración y filmado en un soleado ático de Nueva York perteneciente a la American Mutuoscope and Biograph Company, Holmes es sorprendido por un caco que se introduce en su cuarto con el tópico saco al hombro, y al que habrá de hacer frente.
Nuevas cintas, aún titubeantes, seguirán presentando a nuestro personaje. De gran singularidad es Sherlock Holmes and the Great Murder Mystery, de 1908, pues aquí no se adapta historia alguna de Conan Doyle, sino de... Edgar Allan Poe. En efecto, se trata de una versión del relato "Los crímenes de la calle Morgue", en la cual el detective francés Auguste Dupin es reemplazado por el genio de Baker Street. Más misterios tendrán lugar durante la época del cine mudo, como en la danesa Sherlock Holmes i livesfare, del mismo año, donde nuestro héroe no sólo tendrá que vérselas con el habitual Moriarty, sino incluso con el ladrón Raffles, creación del cuñado de Doyle, Ernest W. Hornung.
Pronto surgirán gran cantidad de obras que adaptan tanto la obra de Conan Doyle como la famosa versión teatral de William Gillette, e importantes actores dan vida al genial detective, así Eille Norwood o Arthur Wontner en Inglaterra, o John Barrymore y Clive Brook en Estados Unidos, en especial (1). Una rareza, dentro de toda esta avalancha, supondrá el film norteamericano Estudio en rojo (A Study in Scarlet, 1933), de Edwin L. Marin, con Reginald Owen como Holmes y Warburton Gamble como Watson. Pese al título, no se trata de una adaptación de la novela de Conan Doyle, sino de una trama original debido al guionista (y también director) Robert Florey. ¿El argumento? Los miembros de una turbia organización van siendo asesinados de uno en uno según se describe en una canción infantil sobre "diez negritos". El lector, sin duda, exclamará: ¡Agatha Christie! Sin embargo, el libro de la célebre escritora fue publicado en 1939, seis años después del estreno de la película, por lo cual... En fin (2).
Otra rareza supondrá la alemana Sherlock Holmes (Der Mann, der Sherlock Holmes war), dirigida en 1937 por Karl Hartl, y protagonizada por las grandes estrellas del cine germano del momento Hans Albers y Heinz Rühmann, pero no como Sherlock Holmes y Watson, sino como sendos impostores. La celebridad de los personajes en Alemania era tal que ya incluso se efectuaban películas sobre gente que fingía ser ellos. Al final, los dos intrusos, sendos detectives de pacotilla, serán detenidos y juzgados por suplantar a los auténticos, hasta que al propio tribunal llegará el mismísimo Arthur Conan Doyle (Paul Bildt), que exculpará a los farsantes.
Sin lugar a dudas, la mayor celebridad es la que ostenta el ciclo de películas protagonizado por Basil Rathbone como Holmes y Nigel Bruce como Watson. En principio fue un díptico producido por la 20th Century Fox, y que adaptaba El perro de Baskerville y la socorrida obra teatral de Gillette; después, la productora cedió los derechos a la Universal, quien actualizó la época y rodó doce películas más. En algunas de ellas podía reconocerse remotamente la trama de alguno de los relatos de Conan Doyle, así, la primera de ellas, Sherlock Holmes and the Voice of Terror [tv/vd: Sherlock Holmes y la voz del terror, 1942], de Jack Rawlins, se inspira en "Su último saludo en el escenario"; sin embargo, muchas de ellas partían de guiones originales. Tras una primera etapa donde el enemigo se identificaba nada menos que con el III Reich -aburrida constante de la época-, después se le fue adjudicando enemigos más fascinantes, de no poca raigambre pulp, y de hecho las mejores aventuras de la saga son aquéllas que introducen tímidos conatos de cine de terror: La mujer araña [tv: Sherlock Holmes y la mujer araña] (Sherlock Holmes and the Spider Woman, 1944), de Roy William Neill (3), La garra escarlata [tv: Sherlock Holmes y la garra escarlata] (The Scarlett Claw, 1944), La casa del miedo [tv: Sherlock Holmes y la casa del terror] (The House of Fear, 1945) (4) y El caso de los dedos cortados [tv/vd/dvd: Sherlock Holmes y la mujer de verde (The Woman in Green, 1945).
Sin embargo, tras el abandono de Basil Rathbone, ya aburrido del personaje (también lo representaría en la radio o en algún cameo fílmico), no será hasta 1958 (5) en el que regresa Sherlock Holmes, y su mejor personificación cinematográfica de todos los tiempos, al juicio del que suscribe: Peter Cushing, por medio de la versión Hammer de El perro de Baskerville dirigida por Terence Fisher. Lamentablemente, la película fue un fracaso, y ello imposibilitó la prosecución de todo un ciclo del personaje encarnado por Cushing (6). Curiosamente, la siguiente película con el genio de Baker Street será personificada por el habitual colega de Cushing, Christopher Lee (7), y que en la previa había interpretado a sir Henry Baskerville. El collar de la muerte (Sherlock Holmes und das Halsband des Todes, 1962) fue una coproducción entre Alemania, Francia e Italia (8) que se intentó vender internacionalmente, y para ello se buscaron diversos nombres de la Hammer: Lee como Holmes, Thorley Walters como Watson y Terence Fisher en la realización, y como guionista contaron con el escritor americano, originario de Alemania, Curt Siodmak, quien efectuó una historia original con ciertos puntos de contacto con El valle del miedo. Muy poco vista en décadas, ahora está disponible para nuevas generaciones en formato dvd, y podremos vislumbrar una de las mayores rarezas del personaje, que, como colofón, ofrece un comentario final sobre un nuevo enemigo al que ha de enfrentarse Holmes: Jack el Destripador (9). Y precisamente, la siguiente aventura de Sherlock Holmes le encaró al destripador de Whitechapell. Estudio de terror (A Study in Terror/Sherlock Holmes grosster Fall) es una producción británica -con una tímida participación germana- rodada en 1965 por el discreto Jack Hill, pero que habrá de pasar a la historia, a pesar de esa limitación. En efecto, aquí disfrutamos del primer enfrentamiento en la pantalla entre Jack el Destripador y el mismísimo Sherlock Holmes (10). Estudio de terror dispone, ante todo, de un excelente guión magníficamente estructurado y en el que se acumulan los habituales apuntes que hacen la delicia de todo holmesiano, a pesar de la sencillez de su resolución final. Una hermosa y pastosa fotografía en color es otro de los alicientes que ayudan a ocultar la torpe realización de Hill, llena de zooms y una convencional planificación, pero que en más de una ocasión, y sobre todo en el excelente clímax, la lucha entre Sherlock y Jack, consigue ocultar lo obvio de la dirección e interesar al espectador. El magnífico reparto incluye a John Neville como Holmes, Donald Houston como Watson, un sublime Robert Morley como Mycroft (el hermano de Holmes), y no diremos quién interpreta al Destripador por desvelarse en los últimos minutos de la cinta. Uno de los títulos más importantes de la filmografía holmesiana será La vida privada de Sherlock Holmes (The Private Life of Sherlock Holmes, 1970), en la cual su genial director, Billy Wilder, explora lo que el título insinúa, a partir de un guión escrito junto a su habitual I.A.L. Diamond (11). Se juega con la misoginia del personaje, y se sugiere, y al tiempo se derriba, una relación homosexual entre los dos personajes, se hace aparecer al monstruo del lago Ness, y tiene una participación importante Mycroft. Una magistral película, que, sin embargo, no debió gustar a los productores, que masacraron el resultante y alteraron su perfecto ritmo (12). Tras alguna parodia sobre la cual será preferible correr un tupido velo, nuestro personaje regresará con una muy peculiar producción. Nicholas Meyer, curioso hombre que se inició en la literatura, publicó en 1975 una novela proponiendo una aventura "inédita" de Sherlock Holmes con Elemental, Dr. Freud (The Seven Per Cent Solution), sencilla y hábil obra en la cual enfrenta a Holmes con el padre del psicoanálisis. El éxito de ventas, e incluso de crítica, condujo a su correspondiente adaptación cinematográfica que contó con idénticos títulos original y español al año siguiente, y con dirección del antiguo coreógrafo Herbert Ross. El reparto fue de lujo pero poco espectacular, con Laurence Olivier como Moriarty, Alan Arkin como Sigmund Freud, Vanessa Redgrave como Irene Adler, un sorprendente Robert Duvall como Watson y el actor de teatro Nicol Williamson -posterior Merlín en la magistral Excalibur (Excalibur, 1981), de John Boorman- como Holmes. De igual modo, se contrató al propio Meyer para escribir el guión -ya había escrito el libreto de la espantosa Invasion of the Bee Girls [tv: La invasión de las chicas avispa;vd: La invasión de las abejas reina, 1973], de Dennis Sanders- y, sorprendentemente, el escritor varió totalmente la trama policial de la película, conservando los personajes y las relaciones que entre estos se establecen. Mientras, alentado por el éxito de su libro, Meyer "descubre" al año siguiente otro manuscrito perdido de Watson y lo publica bajo el título de Horror en Londres (The West-End Horror), con mejores resultados que el primero, y donde hace aparecer -como sospechosos de asesinato- a George Bernard Shaw, Oscar Wilde y Bram Stoker. La intención era hacer una nueva película también a partir de este libro, pero curiosamente el film de Ross fue un relativo fracaso y el proyecto se frustra, para desesperación de todo amante de la novela y el personaje. En 1978 tendremos otra obra esencial. Asesinato por decreto (Murder by Decree, 1978), de Bob Clark, ofrece un nuevo enfrentamiento entre el detective de Baker Street y el destripador de Whitechapel, pero esta vez, acorde con nuevos tiempos, más espectaculares, se alían conjuras masónicas, drogas alucinógenas y corrupción en el 10 de Downing Street. Como Holmes tenemos a un adecuado Christopher Plummer (pese a que inevitablemente parece imitar de continuo al incomparable Peter Cushing), y gozamos con el, a mi juicio, y como ya dije, mejor Watson de todos los tiempos, James Mason. Coproducción anglo-canadiense, entre las versiones para cada país hay sutiles diferencias de montaje, pequeñas pero evidentes, que no obstante permiten apreciar la intención de Clark, la cual no es otra que la de recrear la época victoriana desde el clásico look Hammer, con resultados halagüeños y hasta apasionantes, dados los tiempos espurios que corrían entonces y aún sufrimos. Otro título que habría que citar, pese a sus muchas insuficiencias, es El secreto de la pirámide (Young Sherlock Holmes, 1986), de Barry Levinson, donde se explora la juventud de nuestro controvertido personaje, entrando en directa contradicción con lo preestablecido de antemano. Todo ello no sería despreciable, con todo, si no fuera por el contumaz infantilismo de la producción en sí, donde Levinson explora una trama con cierto interés con estilemas propios de una producción para niños, inserta una ridícula historia de amor y humor cretino, y lo mejor lo deja para el final de los créditos, por lo cual muchos espectadores serán inconscientes de ello. Muy superior a ésta es otra producción presumiblemente más infantil, Basil, el ratón superdetective (Basil, the Great Mouse Detective, 1986), película en dibujos animados de la Disney servida por un impecable ritmo, una historia deliciosa y con algunos suculentos elementos para los paladares del más entusiasta seguidor holmesiano, en especial si se disfruta de la obligatoria versión original del film: los dos ratones detectives viven en un agujero del apartamento del 221B de Baker Street, y pueden escuchar a los mismísimos Holmes y Watson comentando sus casos: esa ocasión es aprovechada por los creadores del film para incluir en la banda sonora un extracto de un diálogo de Basil Rathbone de una de sus muchas películas. Por lo demás, el maquiavélico ratón al cual se enfrentarán nuestros héroes, Rattigan, no es sino un evidente émulo de Moriarty, y cuenta con la inigualable voz del gran Vincent Price en la versión original. Y aún habremos de citar otra obra peculiar, como es Sin pistas (Without Clues, 1988). Su director fue Thom Eberhardt, quien en 1984 había dirigido La noche del cometa (The Night of the Comet), atroz film de ciencia-ficción y zombies que supone uno de los mayores engendros de la época, imposible de concebir para un equipo cinematográfico profesional. Ahora, sorprendentemente, con Sin pistas, aún sin alcanzar una obra maestra, consigue una obra fresca y viva, aunque justo es reconocer que el gran mérito deriva de sus intérpretes y de una trama un tanto original. El doctor Watson es un escritor afamado por sus narraciones ficticias de Sherlock Holmes; pero el éxito llega a tal punto que se le demanda que el sagaz detective sea presentado en sociedad, por lo cual habrá de buscar a un actor, un tal Reginald Kincaid, acabado y alcoholizado, amén de notoriamente idiota. Embarcados en una aventura, habrá de ser el inteligente Watson el que haya de sacar de problemas al torpe Holmes... Todo ello, brindado por unas prodigiosas interpretaciones de Ben Kingsley como Watson y, en especial, un Michael Caine en estado de gracia como Kincaid/Holmes, que conduce su(s) personaje(s) con una facilidad y espontaneidad encomiables. Sin duda, sin semejantes intérpretes el film sería muy inferior. Una de las últimas aportaciones al mito proviene nada menos que de Brasil, en unión con Portugal, para brindar una adaptación al cine del decepcionante libro O xangô de Baker Street en 2001, a dirigir por Miguel Faria Jr. y que exhibe la peculiaridad de ofrecer como Sherlock Holmes al atroz y sobrevalorado Joaquim de Almeida que, por descontado, tampoco brinda el físico adecuado. En los últimos tiempos surgen proyectos y rumores de nuevas aventuras holmesianas. Chris Columbus podría ofrecernos a Holmes enfrentado a Drácula -idea ya desarrollada en libro, pero inédita en cine-; otro rumor nos sitúa a Malcolm MacDowell como Holmes enfrentado a un Moriarty encarnado por nada menos que Christopher Lee; otros, en fin, nos acercarían a una actualización del mito, con una descendiente femenina de Watson en la actualidad que convence al respectivo descendiente holmesiano para reinicar las investigaciones... En fin, no cabe duda que, después de más de un siglo, desde que en 1887 sir Arthur Conan Doyle nos presentase a ese fascinante detective en Un estudio en escarlata (A Study in Scarlet), la llama de esa fascinación prosigue viva, y esperemos que muchos años, para que nuevos directores, y también escritores, desde luego, nos ofrezcan nuevos datos de su peculiar y sorprendente biografía. Apéndice: Filmografía de Sherlock Holmes Notas 1. Será en The Return of Sherlock Holmes (1929), de Basil Dean, donde el detective (Clive Brook) replique al doctor Watson (Harry T. Morey) por vez primera con el famoso "Elemental, querido Watson". 2. De igual modo, en la recopilación Poirot infringe la ley, el lector puede reconocer varias tramas protagonizadas por el detective belga sospechosamente parecidas a las escritas por sir Arthur Conan Doyle. 3. Tras el debut arriba citado de Jack Rawlins, el resto del ciclo fue dirigido por Roy William Neill. 4. Para el interesado en leer un análisis de esta película, véase: La casa del miedo 5. Mientras, en televisión, el personaje ya había debutado. En 1954 tendrá lugar la serie The Adventures of Sherlock Holmes / Sherlock Holmes, con Ronald Howard como Holmes y Howard Marion-Crawford como un Watson que muchos estudiosos han calificado como el mejor de todos los tiempos (honor que, por mi parte, reservo a James Mason en Asesinato por decreto). 6. Cushing regresaría al personaje en una mítica serie televisiva de 1967 -Fisher dirigiría de nuevo el episodio doble dedicado a El perro...-, reemplazando a Douglas Wilmer, y que la inconsciente desidia de la BBC ha hecho desaparecer, y después en el telefilm Las máscaras de la muerte / Sherlock Holmes y las máscaras de la muerte [vd: Llamen a Sherlock Holmes / Máscara de terror] (The Masks of Death, 1984), de Roy Ward Baker. Nota adicional a la nota: Mientras escribía este artículo ha brotado la fascinante noticia de la edición en Inglaterra en formato dvd de algunos de esos episodios presumiblemente desaparecidos. 7. Lee también repetiría con el personaje: en dos mini-series televisivas de 1990 englobadas bajo el título Los años dorados de Sherlock Holmes, Incidente en las cataratas Victoria y Sherlock Holmes y la prima donna¸ dirigidas por Bill Corcoran y Peter Sasdy respectivamente, y con Patrick MacNee como Watson -también un habitual del mito-. De igual modo, Lee sería Mycroft, el hermano más listo de Sherlock Holmes, en la mítica La vida privada de Sherlock Holmes (The Private Life of Sherlock Holmes, 1970), de Billy Wilder. Mientras se escriben estas líneas, está anunciado el proyecto de otro film, con Malcolm McDowell como Holmes y Lee como su archi-rival Moriarty. 8. La versión original se rodó en alemán, así pues Lee fue doblado -pese a hablar perfectamente ese idioma, entre otros muchos-. Cuando la película se estrenó, años después, en Inglaterra, no se contó con él para efectuar su propio doblaje. Así pues, las copias que hoy perviven imposibilitan, en unas u otras, disfrutar de la interpretación íntegra del gran actor. 9. En los 60 corrieron rumores sobre una nueva aventura alemana de Holmes con Lee en el reparto, y que versaba sobre un tren desaparecido. Quizá se trataría de una versión del relato "El tren especial desaparecido", de Arthur Conan Doyle, donde éste cita a "determinado famoso detective" sin precisar más. 10. Existiendo la costumbre de "novelizar" los argumentos de las películas, el de ésta fue encomendado a Ellery Queen (pseudónimo conjunto de los primos -lo decimos en el grado de parientes- Frederick Dannay y Manfred Lee). No contentos con el guión de la película, trastrocaron éste, añadiendo un prólogo y epílogo donde Ellery Queen descubre un manuscrito inédito de Watson, lee lo que narra la película, y sospecha que Watson encubrió al verdadero criminal, desvelándose otro distinto. 11. La novela de igual título, y aparecida en la mítica, esencial y lamentablemente interrumpida colección de Valdemar dedicada al personaje, Los Archivos de Baker Street, es una novelización del film. 12. La versión íntegra de la película, entre otras varias, incluía una divertidísima escena ambientada en un barco, y donde Watson decidía hacer uso de los "trucos" de Holmes para descubrir un supuesto crimen. Esta escena da la impresión de haber sido inspirada por el relato de Conan Doyle "Cuando Watson aprendió el truco", que no suele incluirse dentro del canon. Esa escena, a su vez, fue incluida como extra en una edición del film en láser-disc hará unos años, y creo que también está en el dvd que debiera aparecer en poco en España; sin embargo, desaparecida su banda sonora, se ofrece totalmente muda, por lo cual se contrató a un sordomudo para que leyera los labios de los actores, y así transcribir, por medio de subtítulos, los diálogos de los personajes.
Tags: CINE


