viernes, 04 de mayo de 2007

LA BATALLA DE ALESIA (Julio Cesar contra Vercingetórix)

La batalla o sitio de Alesia (Sept del 52 aC) fue uno de los episodios clave de la Guerra de la Galia, en el que César mostró de forma clara la audacia y el tesón que le habrían de conducir a ser el Primer Hombre de Roma. El sitio de Alesia es considerado uno de las grandes éxitos militares de César e incluso en la actualidad es utilizado como un ejemplo clásico de sitio.

En esta batalla se enfrentaron los ejércitos de la República de Roma, dirigidos por Julio César, contra una confederación de tribus galas bajo el liderazgo de Vercingetórix, de la tribu de los Arvernos. Tuvo como escenario principal el fuerte de la tribu gala de los Mandubios, situado probablemente en la ciudad actual de Alise-Sainte-Reine.

La batalla es descrita en detalle por numerosos autores contemporáneos, incluyendo a César en su célebre "Comentarios a la Guerra de las Galias" (De Bello Gallico). Tras esta batalla, el líder rebelde Vercingetórix fue capturado, y la Galia fue definitivamente asimilada como provincia romana.

Una de las consecuencias principales de esta victoria fue que precipitó el enfrentamiento entre los aristócratas romanos liderados por Pompeyo y el partido popular, personificado por César. El desencadenante de esta nueva guerra civil fue la negativa del Senado romano a otorgar a César los honores por sus victorias en las guerras gálicas siendo.




Estos son los principales protagonistas de la batalla de Alesia:


Julio César: ¿Qué decir sobre el divino Julio que no sepais ya? En Alesia evidenció definitivamente que lo suyo era un instinto militar fuera de lo normal, pero que además, era capaz de empujar a los demás a niveles de entrega casi sobrehumanos.

Marco Antonio: Incondicional segundo de a bordo de César, gran militar y hombre de armas

Tito Labieno y Cayo Trebonio: Comandantes de caballería de César, que en Alesia se demostró como pieza clave de su triunfo. Siguieron destinos dispares: Tras Alesia y el Paso del Rubicón, el primero abandonó a César, incorporándose al partido de los optimates; acabó muriendo en la batalla de Munda, luchando contra las tropas del mismo César. Cayo Trebonio se mantuvo fiel a César, y este le recompensó con el consulado en el 45 aC.

Aulo Hircio: Legado de César en diversas campañas, es autor de parte de su libro sobre la Guerra de las Galias. Fue nombrado cónsul en el 43 aC. Tras los Idus de Marzo, se unió a Octaviano.

Vercingetórix: Caudillo galo, jefe de los arvernos, que reunió bajo su mando a todas las tribus de la Galia en una revuelta contra la República.


La Galia: ¿Polvorín o tesoro?

Siguiendo la tradición romana, tras haber finalizado su mandato como cónsul, Julio César fue enviado a la Galia (tanto Cisalpina como Transalpina) como procónsul en el 58aC.

La Galia que César encuentra a su llegada está compuesta por un gran número de tribus celtas, algunas de las cuales tenían suscritos pactos y alianzas con la República, estando las otras sujetas a intermitentes turbulencias de tipo político o militar. A todo ello, cabe añadir las inmensas riquezas de la provincia (claramente intuidas por César), y la ingente capacidad de aportar tropas auxiliares al ejército romano.

Con miras a transformar la díscola Galia en un remanso de romanidad, desde el primer momento César se embarcó en una campaña militar que le llevó a vencer a todas y cada una de las tribus celtas que ocupaban el territorio bajo su mando: Los helvecios primero, pasando despues por los belgas y los nervios. Durante el proceso, se ocupó también de trabar alianzas con los principales caudillos de las tribus más afines.

Fin del triunvirato

Al mismo tiempo que esto sucedía, muerto Craso en Carras, la alianza firmada con Pompeyo comenzaba a debilitarse, gracias en parte a los esfuerzos que el partido de los optimates realizaba en Roma.

Vientos de rebelión

Tras el intento fallido de los eburones, comandados por Ambiorix, los celtas comenzaron a darse cuenta de que sólo unidos bajo un mando único y fuerte podrían liberarse del yugo romano. Esto cristalizó en el consejo de las tribus celebrado en Bibracte en el 53 aC, donde incluso antiguos aliados de Roma, como los eduos, decidieron nombrar a Vercingetórix, rey de los arvernos, como lider de la Galia, y caudillo de la rebelión contra César.

Estalla la revuelta

Matanzas de ciudadanos romanos tuvieron lugar en ciudades de toda la Galia, como en Cenabum. Esto pilló por sorpresa a César, que se hallaba acampado en sus cuarteles de Invierno en la Galia Cisalpina (al Sur de los Alpes); sus problemas se vieron agravados por el hecho de que sus problemas políticos en Roma comportaron el fin de su abastecimiento de tropas y refuerzos.

En otra muestra de su audacia, César cruzó en tiempo récord los Alpes, y llegando a la Galia central, dividió sus tropas: Envió a Tito Labieno al Norte, a combator contra los parisios y los senones, yendo él en pos de Vercingetórix al mando de 6 legiones y su caballería germana.

Tras una cuasi victoria sobre César en Gergovia, pasar todo el 52 aC en escaramuzas, y cuando el enfrentamiento en campo abierto parecía inevitable, Vercingetórix se retira a Alesia, la ciudad fuerte de los Mandubios, a esperar refuerzos del resto de la Galia.



Alesia, fortaleza irreductible



Alesia estaba situada en lo alto de una colina rodeada por valles y ríos, y contaba con importantes defensas tanto naturales como construidas por la mano del hombre. Viendo que intentar un asalto frontal sobre la fortaleza causaría un gran número de bajas, César consideró mejor forzar un sitio de la fortaleza, forzando a sus enemigos a rendirse por hambre. Considerando que había cerca de 80.000 personas fortificadas dentro de Alesia, entre tropas y población civil, el hambre y la sed forzarían rápidamente la rendición de los galos.

Alesia, asediada
Para garantizar un bloqueo perfecto César ordenó la construcción de un perímetro de fortificaciones que rodeasen y aislasen la ciudadela. Los detalles de los trabajos de ingeniería se encuentran en los “Comentarios a la Guerra de las Galias” del propio Julio César y han sido parcialmente confirmados por las excavaciones arqueológicas en la zona.

Se construyeron muros de 18 km de largo y 4 metros de alto con fortificaciones espaciadas regularmente en un tiempo récord de 3 semanas. Esta línea fue seguida hacia el interior de dos diques de cuatro metros y medio de ancho, y cerca de medio metro de profundidad. El más cercano a la fortificación se llenó de agua procedente de los ríos cercanos. Esto era una obra de ingeniería considerable, pero César ya había logrado, en sus tiempos de edil curul, desviar el río Tíber hacia dentro del Circo Máximo para simular una batalla naval para entretenimiento del público. Asimismo, se crearon concienzudos campos de trampas y hoyos frente a las empalizadas con el fin de que su alcance fuese todavía más difícil, más una serie de torres equipadas con artillería y espaciadas regularmente a lo largo de la fortificación.

Los sitiadores, sitiados
La caballería de Vercingetórix a menudo contraatacaba los trabajos romanos para evitar verse completamente encerrados. La caballería germana volvió a probar su valía para mantener a los atacantes a raya. Tras dos semanas de trabajo, parte de la caballería gala pudo escapar de la ciudad por una de las secciones no finalizadas. César, previendo la llegada de tropas de refuerzo, mandó construir una segunda línea defensiva exterior protegiendo sus tropas. El nuevo perímetro era de 21 km, incluyendo cuatro campamentos de caballería. Esta serie de fortificaciones les protegería cuando las tropas de liberación galas llegasen: ahora eran sitiadores preparándose para ser sitiados.


La batalla final
Al día siguiente, el 2 de octubre, Vercasivellauno, un primo de Vercingetórix, lanzó un ataque masivo con 60.000 hombres, enfocado al punto débil de las fortificaciones romanas, que César había tratado de ocultar hasta entonces pero que había sido descubierto por los galos. El área en cuestión era una zona con obstrucciones naturales en la que no se podía construir una muralla continua. El ataque se produjo combinando las fuerzas del exterior con las de la ciudad: Vercingetórix atacó desde todos los ángulos las fortificaciones interiores. César confió en la disciplina y valor de sus hombres, y ordenó mantener las líneas. Él personalmente recorrió el perímetro animando a sus legionarios.

La maniobra genial
La caballería de Labieno fue enviada a aguantar la defensa del área en donde se había localizado la brecha de las fortificaciones. César, con la presión incrementándose cada vez más, se vio obligado a contraatacar la ofensiva interna, y logró hacer retroceder a los hombres de Vercingetórix. Sin embargo, para entonces la sección defendida por Labieno se encontraba a punto de ceder. César tomó una medida desesperada, tomando 13 cohortes de caballería (unos 6.000 hombres) para atacar el ejército de reserva enemigo (unos 60.000) por la retaguardia. La acción sorprendió tanto a atacantes como a defensores.

Derrota y rendición
Viendo a su líder afrontar tan tremendo riesgo, los hombres de Labieno redoblaron sus esfuerzos. En las filas galas pronto empezó a cundir el pánico, y trataron de retirarse. Sin embargo, como solía ocurrir en la antigüedad, un ejército en retirada desorganizada es una presa fácil para la persecución de los vencedores, y los galos fueron masacrados. César anotó en sus Comentarios que sólo el hecho de que sus hombres estaban completamente exhaustos salvó a los galos de la completa aniquilación.
En Alesia, Vercingetórix fue testigo de la derrota del ejército exterior. Enfrentándose tanto al hambre como a la moral, se vio obligado a rendirse sin una última batalla. Al día siguiente, el líder galo presentó orgullosamente sus armas a Julio César, poniendo fin al asedio de Alesia.



La Galia, pacificada y asimilada

Alesia fue el último estertor de una Galia que pretendía permanecer independiente de la máquina militar y política romana, y que acabo asimilada como provincia. Los supervivientes de Alesia sufrieron uno de los peores destinos que Roma deparaba a sus vencidos, ser vendidos como esclavos. Sólo se salvaron los eduos y los arvernos, piezas clave de la política de alianzas romana en la Galia.

César, de ídolo militar a enemigo público

La victoria en Alesia y la conquista de la Galia supuso para César un éxito como militar y como político de alcance inimaginable. La plebe se adueñó de su nombre, que pasó a entonarlo con júbilo y adoración. Mientras tanto el Senado, liderado por los Pompeyos, Catones y Cicerones, temeroso de sus éxitos y creciente popularidad, sólo le concedió 20 días de celebración pública de la victoria, pero sin otorgarle el privilegio del desfile Triunfal. La cadena de acontecimientos posterior desembocó en la sangrienta guerra Civil por todos conocida.

Vercingetórix, de líder vencido a icono de Francia

Estuvo cautivo en Roma durante 5 años. hasta que César pudo celebrar su triunfo en la Galia. Al final del mismo, fue trasladado a la prisión mamertina, y siguiendo el ritual de este tipo de desfiles rituales, fue estrangulado.

2000 años despues, Vercingetórix es un icono de la Francia moderna, símbolo de su independencia y su resistencia frente al exterior. Desde las estatuas erigidas en su nombre, hasta los famosos cómics de Astérix y Obélix, atestiguan que Francia le ha convertido en uno de sus héroes nacionales.
Publicado por Toni_es @ 1:44 | 0 Comentarios | Enviar

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